domingo, 3 de enero de 2010

Los conversos

Creo que el primero de ellos fue Saulo, el de Tarso que, en los albores del siglo 1 perseguía con saña a los primeros cristianos. Hasta que, un día que iba camino de Damasco, una brillante luz lo tiró de su caballo y una voz venida de las alturas le dijo:" Saulo, Saulo, por qué me persigues?" y contestó Saulo:"Quién eres tú, Señor?" "Yo soy Jesús, a quién tú persigues..." A partir del momento en que "vio la luz" la vida del judío-romano Saulo de Tarso cambió. Hasta el punto de que pasó a llamarse Pablo y, convertido al cristianismo, se dedicó a predicar a judíos y gentiles, llegando hasta la cuna de la cultura, Grecia donde, por lo que parece, tropezó con los filósofos de alto standing que por allí había y, entre epicúreos, cínicos y el resto de la parentela filosófica, no consiguió convertir a ningún griego de pro.
En los caminos de la vida por los que circulamos, nos encontramos con demasiada frecuencia a más de un Saulo convertido en Pablo de la noche a la mañana. Tanto en el aspecto religioso como en cualquier otra actividad, los practicantes de un determinado estilo de vida, se dedican a dar la matraca a los que no son como ellos. Así, aquellos que han dejado el tabaco se ponen, en un decir amen, a predicar la buena nueva de la salud a todos los fumadores con los que se topan. Y no sólo eso, sino que hacen aspavientos, morisquetas y gestos de rechazo, cada vez que alguien saca un cigarrillo y trata de encenderlo. Los hay entusiastas de la natación, del tai chi, yoga, aerobic, gimnasia sueca, senderismo... Pero creo que los más cargantes son los que, de no poner los pies en una iglesia, ni preocuparse de la ética ni de la estética, ven un día la luz en alguno de los lugares de peregrinación donde, dicen, se apareció la virgen a unos pastorcillos... Léase Fátima, o Lourdes sin ir más lejos. O donde se celebra la vida y milagros de algún santo, cuál Antonio, el de Padua. Que, para más inri, no era italiano, sino un fraile portugués (s. XII-XIII) que, primero perteneció a la orden de los dominicos y luego a la de los franciscanos, y que se trasladó a Italia a predicar. Predicación que, por lo visto, no tuvo éxito entre los paduanos, que acogieron con total indiferencia las palabras del futuro santo. Hasta el punto que el pobriño de Antonio se acercó a la orilla del río Brenta y, desde allí habló al viento y al agua. Mas, oh prodigio de prodigios, los pececillos asomaron sus cabezas para escucharlo. Lo cuál motivó la conversión en masa de los habitantes de Padua, y un montón de puntos a la hora de la canonización del milagroso santo. Tanta publicidad tuvo el hecho que hasta Malher compuso una melodía alusiva...
Pues bien, los conversos religiosos, hacen lo mismo que Antonio, pero sin sus conocimientos, y tratan de convencer con su recién adquirida "buena nueva" a los que, a pesar de haber sido educados en el Evangelio en una mano y los libros de ética, moral y buenas costumbres en la otra, se han convertido por quién sabe qué razones, en escépticos para los restos. Este tipo de conversos mezcla y confunde, en un totum revolutum que tiembla el misterio: fe, devoción y piedad sensible. Con el añadido de presentar la tradición oral como dogma de fe, y las historias bíblicas como verdades irrefutables, desde Adán y Eva hasta nuestros días... Y, por ende, miran con ojos compasivos a los que ellos consideran unos pobres parias por su escepticismo ...Que los dioses se apiaden de nosotros.

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