viernes, 30 de abril de 2010

La almohada

El pasado día de la Madre, y para celebrar tan señalada fecha, una de mis hijas me regaló ¡Una almohada! Pero no una cualquiera, vulgar y corriente, de las muchas que hay en los diversos comercios del ramo, sino una de la casa Flex que, como compruebo noche tras noche, es el no va más a la hora del sueño relajado y feliz. Tanto, que desde que pongo la cabeza sobre ella, me quedo dormida y no despierto hasta la madrugada siguiente. Y no sólo eso, sino que tengo sueños la mar de aparentes a la par que nada "ostentóreos," tanto en blanco y negro como en color y, casi, casi en Cinemascope. Por asociación de ideas pienso en la reina de Inglaterra, Isabel de Windsor, de la que escuché una vez, ( creo que a los Monty Pitton) que, en todos sus desplazamientos llevaba su real almohada, igual igualito que si se tratara de un bolso, o de cualquiera de sus joyas preferidas. Después de mi experiencia con la Flex citada, la comprendo perfectamente. Lo cuál no quiere decir, está claro, que yo esté dispuesta a ir de la Ceca a la Meca (léase de Vigo a Pontevedra y viceversa) con la mía debajo del brazo o en la maleta. Pero sí que, seguro, me compraré otra cuanto antes.
Aún no llegué a la página do dice aquello tan manido de "consultar con la almohada." Todo se andará. Pero estoy segura que la mía a la hora de los consejos, va a resultar mejor que el Oráculo de Delfos, la Sibila y el resto de augures o arúspices que en el mundo han sido, son y serán.
(08-05-10)


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