sábado, 19 de julio de 2008

Ahora que vamos despacio

Pero no, no fui detrás de P. Botana, por más cariñosa y simpática que me pareciera, ( el Reglamento colegial no permitía tales licencias) sino que seguí a la monja que nos llevó hasta el dormitorio para mostrarnos el lugar que nos había sido asignado, la cama y un mueble con una palangana y una jarra con agua encima, para lavarnos cada mañana. El mueble hacía, a la vez de mesilla de noche. Allí tendríamos el jabón, la toalla, los peines y los cepillos, además del peinador para que, al peinarnos, no quedaran los pelos pegados al uniforme, qué previsoras eran aquellas reverendas madres...El resto del ajuar del que veníamos acompañadas, pasaba a los dominios de la hermana ropera, que reinaba como dueña y señora en una especie de almacén con armarios hasta el techo. Ella se encargaba de facilitarnos la ropa interior, la de cama y las toallas, cuando era menester cambiarlas, así como los mandilones y todo lo que iba a la lavandería donde las hermanas coadjutoras lavaban a mano lo que usábamos tanto monjas como niñas. El dormitorio me produjo muy buena impresión, estaba en la zona que llamaban el "Externado" porque lindaba con el portal por el que entraban las externas y mediopensionistas todos los días. Era una habitación larga y con mucha luz y en ella se alineaban las camas, que tenían un artilugio alrededor en el que iban colgadas las cortinas, plisadas. Las cuáles, durante el día, permanecían recogidas y, antes de acostarnos debíamos de estirarlas y, por arte de birli birloque, el espacio que ocupaban la cama y la mesilla, se convertía en un pequeño habitáculo en el que cada una se desnudaba o se vestía, con el casto pudor que exigía el Reglamento colegial. Con esas frágiles paredes quedábamos separadas las unas de las otras; lo que no impedía que, cuando se apagaba la luz las desplázaranis un poco y habláramos, en voz muy baja, con la compañera de al lado.
Aquel primeros meses, desde Octubre a mediados de Diciembre en que empezaban las vacaciones de Navidad, pasaron con bastante rapidez, aún a pesar de los augurios del primer día. Como dijo hace años un concejal de Vigo, "Ni yo mismo esperaba yo mismo auguraba estos auspicios..."Frase redonda que quedaría para las posteridad si el periodista que lo entrevistaba no "auspiciara también estos augurios" parece que de todos los oyentes que aquella mañana escuchaban la emisora de turno, sólo me enteré yo.
Tanto mi hermana como yo nos integramos plenamente en la vida y la disciplina espartana del Colegio y consideramos normal levantarnos a las siete de la mañana, cuando la monja del dormitorio nos despertaba batiendo palmas y con una jaculatoria "El ángel del Señor lo anunció a María" nos ponía fin a nuestro sueño, los ángeles eran madrugadores... Nuestras soñolientas voces respondían: "Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo" afirmación que motivó tantas disquisiciones filosóficas y teológicas que hicieron encanecer a muchos eclesiásticos, y llevó a la hoguera, por mor de la Inquisición, martillo de herejes, a tantos otros, sea anatema. Pero en aquella hora, prima para nosotros, no para las monjas que ya debían de andar por la tercia o la cuarta, nos tenían sin cuidado las elucubraciones de filósofos y teólogos. Debíamos lavarnos, vestirnos, peinarnos, hacer la cama y recoger las cortinas alrededor de la misma. Estar en la fila a las siete y veinte, y bajar a la Capilla. Allí nos colocábamos en los bancos por riguroso orden: Las pequeñas delante, las medianas a continuación, y las mayores en último lugar. Las sores se repartían a los dos lados, en reclinatorios y ojo avizor por si nos salíamos del guión. Participábamos en la en la misa, que era dialogada, y en Latín. Y empezaba con el "Introibo ad altarem Dei" del sacerdote, al que contestábamos "Ad Deum qui laetificat iuventutem meam." El cura, de memoria, nosotros, con el Misal delante. El cuál ponía Altare donde, hace poco lo he descubierto, en el Latín culto, debería de decir Altarem (el escritor Sàndor Marài así lo escribe en una de sus novelas). Sin mover los ojos del libro, Gloria in excelsis Deo, Credo in y unum Deum, Pater noster qui es in caelis...De profundis clamo a te, Dómine. Este me lo enseñó en castellano mi abuela, la de Villagarcía, ella debió de haberlo rezado mucho. Desde lo más profundo clamo a ti, Señor. Estén atentos tus oídos a la voz de mi plegaria, el orante debía de considerar al Señor un dios distraído, estáte atento, atiéndeme...
Después de la misa teníamos media hora de meditación en la misma Capilla, entonces podíamos sentarnos, no era obligatorio estar de rodillas. Aunque las niñas más virtuosas permanecían arrodilladas, meditando con la cabeza entre las manos, concentradas al máximo. Tengo para mí que, más de una, aprovechaba para descabezar un sueñecillo, media hora da para mucho...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ese clamabo, creo que es futuro imperfecto (mi latín queda lejos):clamaré

Una dijo...

No tuve yo la suerte de la cortinilla,mi habitación era enorme y haciendo un recodo se continuaba en otra,debíamos estar allí más de 50 chicas. Entre un ala y otra de la doble habitación estaba la de la monja y un aseo para ir de noche si apremiaba la necesidad.
Nos cerraban el dormitorio con llave,mi cama estaba al lado de la puerta y para los restos me ha quedado el recuerdo de cómo se abría cada mañana bien temprano esa cerradura seguida del ruido insufrible de una campanilla que se movía al mismo tiempo que la monja gritaba alguna de sus consignas.
Después vigiladas por ella nos lavábamos en una estancia en la que en hileras se veían unos cuantos lavabos y ella,siempre seria observando todo.Nunca nos caímos bien,lo sé,ella me despertaba con demasiado ruido y sobresaltos,me quitaba mis novelas a la hora de estudio y sabía,notaba que yo iba a misa y al rosario porque me obligaban,claro,las demás niñas en su mayoría habían llegado allí con 10 u 11 años,yo,con mis 14 recién cumplidos era una rebelde,aunque solapadamente claro,lo notaba en mi mirada,no podía expresarme,sabía que no tenía otro camino para hacer ese bachillerato y mis padres y hermanos hacían un esfuerzo por tenerme tan lejos,nueve hermanos y una abuela eran mucho para mis padres,supongo.