domingo, 14 de marzo de 2010

Hallazgos

Ayer, sábado, y ya desde primeras horas de la mañana, fue un día de hallazgos. De vuelta del Mercado del Calvario me encontré con dos Lolas, conocidas ambas en la piscina de Santa Cristina de Lavadores. La última de ellas, una prima de cuya existencia como pariente no tenía la menor idea y descubierta por casualidad: Hablando en el vestuario sobre un conocido común, supimos que nuestros padres eran primos hermanos, y ambas biznietas de la misma bisabuela, Rosa Cubelas, madre de su abuela y de mi abuelo.
Por la tarde, y periódico mano, con la parafernalia informativa que suscitó la muerte de Miguel Delibes descubrí, a través de las alabanzas que unos y otros le dedicaron, ( todas ellas emocionantes) parte de la vida de un hombre bueno, ajeno y lejano a la vanidad en la que la mayoría de los que pertenecen a su colectivo están inmersos, cuál dioses en un Olimpo al que los simples mortales no tenemos acceso. Entre otras cosas contaba alguien que era un hombre que contestaba a todas y cada una de las cartas que sus lectores le escribían, asegurando que, con las que hay dispersas, se podría escribir un libro. Me impresionó mucho un artículo que escribió después de la operación a la que tuvo que someterse, en el que explica con claridad meridiana lo que será su vida a partir de ese mismo día, a partir del cuál y como escribe, consideró que estaba muerto...
A media tarde entré en Facebook, otro hallazgo, y quedé perpleja ante la cantidad de parientes y amigos que se mueven en el citado apartado, tal parece una de aquellas aceras de pueblo en las que en los tiempos del cuplé, la gente sacaba las sillas a la calle y se ponía a charlar con el vecindario afín. O la clásica "Corrala" o patio de vecindad, escenario de más de una zarzuela famosa. Está visto, Internet es una fiesta.
Y la guinda del pastel de los hallazgos fue Jorge Drexler, un cantante y músico uruguayo que pasaban en TV2 justo en el momento en el que yo, que me acuesto a la hora de las gallinas, me iba a la cama. Fue escuchar los primeros versos, y quedarme quieta parada, sin moverme hasta que acabó el programa. Él mismo, y los músicos que lo acompañaban en los dúos y con los instrumentos, disfrutaban con la actuación tanto como los espectadores. No sé por qué, me recordaron a Les Luthiers, salvando distancias de edad y temas. Esta mañana tecleé en Google su nombre y allí estaba, con un montón de vídeos al alcance de sus admiradores entre los que, desde ya, me encuentro.
Hoy, Domingo, ya es otro día...

1 comentario:

mariajesusparadela dijo...

De la inteligencia meridiana de Delibes, tres muestras: considerar que la vida está muy bien para pasar, pero no para quedarse; dejar de escribir cuando consideró que su momento de plenitud creativa había pasado; no querer presentarse al planeta cuando le pidieron que lo hiciera , asegurándole el premio (y mira Cela).
De Dresler oí hablar cuando le dieron un premio por la música de una peli de óscar.
La bisa que compartimos, como no nos permite sacar dinero, nos da parientes...