
Estos días estuve en la capital, paseando por las viejas calles de mis juveniles años, y otras que no existían entonces y por las que caminan ahora mis añosos pies. El jueves, en los soportales de la Herrería, y mientras esperaba que dejara de llover, contemplaba una procesión sin imágenes, la de los peregrinos a la tumba del Apóstol. Iban cabizbajos, lo que me hizo pensar que, o bien estaban cansados y meditaban en lo que aún restaba de camino o, imbuídos del espíritu de Iago, el Hijo del Trueno, cavilaban en la caducidad de las cosas terrenas. Pero no, me equivocaba: Miraban el suelo porque en aquella calle en concreto, había unas señales impresas en la piedra, que indicaban el camino que habían de seguir para enlazar, desde el centro de la ciudad, con la carretera que, finalmente, los llevaría a su meta. Una Vía Láctea, la pontevedresa, terrenal y prosaica, para poder salir de la ciudad sin perderse por las calles o las plazas, tanto las antiguas como las nuevas. Que, para una persona que va por primera vez, pueden parecer un laberinto, aunque en realidad no lo sea, ya que es una de las ciudades por las que uno puede deambular sin temor a perderse ni aparecer en el quinto pino cuando, en realidad, quiere ir a la calle Peregrina o a la Avenida de Vigo. O llegar hasta la Plaza de San José, a ver las estatuas de las fotografías, una serie de intelectuales gallegos en los cuáles únicamente reconocí a Carlos Casares. Sólo por no quedarme allí arriba, contemplándolos uno por uno, hasta saber quién era cada uno...Si es verdad el antiguo dicho de que "todos los caminos conducen a Roma" habría de ser cierto, también, que le podríamos aplicar la misma frase a Santiago de Compostela, para llegar a la cuál vienen gentes de todo el mundo, siguiendo rutas diferentes, desde las que bordean el mar, hasta las que, por el interior van de Roncesvalles, siguiendo los signos del Camino que los Templarios fueron señalando con las diversas iglesias y hosterías, tan viejas casi como el mismo mundo. Y, aún después de entrar en la catedral santiaguesa, han de continuar peregrinando hasta el Finis Terrae, gritar el "¡Ultreya!"de rigor, quemar la ropa en una hoguera, y meterse en las frías aguas del mar...Se estremecerán las cenizas del mártir Prisciliano del que, dicen, es el verdadero huésped de la tumba santiaguesa? O tempora...
2 comentarios:
me gusta tu blog es como una historia,iteresante y narrativa para hacer pelicula.
los bonssays q tienes estan llenos de vida gracias a tus cuidados y si pudieran hablar te lo agradecerian es un mensaje de ``anonimo´´ya sabes yo.
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