domingo, 10 de agosto de 2008

Vini, vidi...

Además de las monjas que nos daban clase estaban, como creo ya comenté, las profesoras seglares, que venían desde sus casas pontevedresas cada día, y según el horario establecido. Había las pacatas y temerosas de Dios, y las que se ponían el mundo doroteístico por montera y, además de cortar mangas y capirotes, hacían de su capa ( en este caso de las de nuestras monjiles guardianas) un sayo. Las Doroteas sólo contrataban las que exigía el guión del Ministerio correspondiente, para que el Colegio pudiera examinar y dar el visto bueno a los distintos cursos del Bachillerato, sin tener que pasar por el Instituto con las alumnas año tras año. O sea que, si para lograrlo hacía falta un mínimo de ocho licenciadas, procuraban cubrirlo con gente de fuera si las de dentro no eran suficientes. Así que a las internas nos llegaban los diversos aires que se respiraban extramuros, pues no sólo las mediopensionistas y las externas nos traían algo de oxígeno, sino también las profesoras. Todo muy contado y medido porque aunque la licenciada de turno fuera una Betty B. de aquellos idus, las monjitas lo controlaban todo hasta el punto de que en todas las clases donde había una profesora seglar, en el último pupitre y como una alumna más, una monja escuchaba todo lo que allí se explicaba. Los primeros cursos de Latín nos los dio una de aquellas sores que daba Gramática. Al fin y al cabo, el origen del castellano es la lengua del Lacio. Y, por ende, sólo se trataba de aprender las declinaciones y los verbos, además de alguna traducción para andar por casa. Ah, pero en 3º y 4º de Bachillerato, había que hilar más fino, puesto que en la Reválida salía, seguro, un trozo de la guerra de las Galias. Por lo que apareció en nuestro horizonte visual la profesora Yuji, que amaba el Latín y lo manejaba del derecho y del revés. Se movía como pez en el agua entre los romanos y su parafernalia y nos llevaba a uña de caballo de la Galia a Roma, y contemplando las hazañas de César en primera línea de playa. Qué lástima no poder disfrutar entonces de las aventuras de Astérix y Obélix...Cuando nos confundíamos en un tiempo del verbo, o en alguna otra palabra mal traducida, errare humanum est, nos caía alguna catilinaria suave, y pasábamos al último lugar de la fila en la que nos mandaba colocar para ir leyendo la traducción. Las aventuras del César romano se ceñían, ad calendas graecas, a la guerra de las Galias y poco más.Y sus perversiones a la hora de sus conquistas por la pintoresca y vieja Europa, no estaban a la vista. Nadie nos contaba lo que los centuriones, decuriones y el resto de la soldadesca propia y mercenaria, hacían en el tiempo libre entre batalla y batalla. No había posibilidad alguna de que cayéramos del guindo de guindas garrafales en el que, como panolis de primera generación, estábamos instaladas. Nuestro paso del Rubicón aún estaba lejano...
Lourdes, Carmiña, Fernanda...Esta última daba clases de piano y vivía en el Colegio. Su espíritu era monjil e hipócrita y, por ende, ejercía una labor de vigilancia con el añadido de correvedile, informando a la superiora de todo lo que las alumnas comentábamos. Calla, no hables...Eso era lo que nos decíamos sotto voce unas a otras cuando descubrimos su misión. También habíamos de guardarnos de nuestras compañeras chivatas, más peligrosas para nuestra tranquilidad, que la propia Fernanda. Las doros, como las nombra un comentarista, se enteraban de todo lo que pasaba...
Luego estaba Nené que, aunque merecería capítulo aparte, entrará en este mismo. Pertenecía a la Falange fundada por José Antonio Primo de Rivera. Cuya hermana, Pilar, dirigía Sección Femenina, dedicada a la formación de la mujer en todas sus facetas. A la mujer de aquellos tiempos, se entiende. Nené hacía lo que le daba la gana y las normas colegiales la traían sin cuidado. Nos explicaba el de Formación del Espíritu Nacional, ya sabemos que el otro espíritu estaba en manos de curas y monjas. Además de las clases de Gimnasia. Las clases de la primera parte consistían en el estudio ad pedem litterae de parte del ideario de José Antonio, que habíamos de recitar como el catecismo del padre Astete. Ella acabó con la idea de que su asignatura era una de las llamadas despreciativamente Marías: su importancia era igual igualita que las Matemáticas, la Literatura o la Religión, y ay de la que no la supiera. No tenía empacho en suspender a la que no entrara por el aro, y le importaba un bledo que, si se daba el caso, quedara pendiente la Reválida. Para las clases de Gimnasia habíamos de llevar un uniforme formado por una falda verde, con unos pliegues, y una blusa blanca ¡¡¡De manga corta!!! ( en el portal del Colegio había un cartel que decía:" No se permiten visitas que vengan de Manga Corta o Sin Medias). Tenis deportivos y calcetines cortos. Ah, y debajo de la falda unos pololos, del mismo color que la falda, que llegaban a la altura de las rodillas para evitar que, ante cualquier ejercicio o voltereta, quedaran al descubierto las partes pudendas y las adyacentes. Cosa imposible, nuestra lencería interior no lo permitiría. O sea que el uniforme de Gimnasia, comparada con el colegial, era la mar de combinado y alegre, digno de un Victorio & Luchino de la época.
Así pues, nos colocábamos en formación en el patio del colegio y después de escuchar las palabras: "Piernas abiertas en salto, brazos cruz. Ya" pronunciadas por Nené, empezábamos con la tabla correspondiente. Los finales de curso conllevaban una exhibición gimnástica de las de toma pan, y moja. Allí, con los uniformes en plan revista militar, nos movíamos al ritmo de las palmas "nenesianas"sin desviarnos ni un ápice del guión aprendido durante el curso. Un año, no recuerdo cuál, hasta cantamos los versos heroicos que un inspirado vate compuso dedicados al Peñón de Gibraltar una espinita clavada en el corazón de cualquier español que se preciara. Las mamis y papis de las externas y mediopensionistas, contemplaban nuestras evoluciones sonrientes, viendo como sus niñitas se movían por el patio. Ah, pero cuando llegó la hora del canturreo guerrero y marcial, que tan poco iba con el concepto que se tenía entonces sobre lo femenino y singular, algunos mostraron su descontento y, según se rumoreó luego, pusieron el grito en el cielo pontevedrés por la zona doroteística se quejaron a nuestras educadoras monjiles. Cosa que a Nené no le importó lo más mínimo y siguió con sus clases como si tal cosa. A los papis y mamis los salvó la campana, porque se libraron del "Prietas las filas" o el "Cara al sol..." Cosas veredes, buen Cid, que farán fablar las piedras.

7 comentarios:

Sherezade dijo...

Hola "primo Genito." He de confesarte que tu nombre, leído en el Blog paradelense, me dejó pelín desubicada intentando colocarte en una parte del puzle que se me escapaba. Por fin, y ya pegada al fregadero desempeñando mis labores de Maritornes, ( eso sí, en decente y nada quijotesca) vi la luz y supe a quién pertenecía el nombrecito.
Te diré, querido, que cuento mucho, pero dejo en el tintero lo que no es publicable, no vaya a ser que el personal se me alporice y me ponga a los pies de los caballos. Por ende, no me parece justo, ni necesario, culpar de nuestra "mala educación" sólamente a nuestras doroteísticas cancerberas. Los que vivimos en aquellos idus, hemos de admitir que fuera las cosas no pintaban mejor, sobre todo para las hijas de doña María.
Ellas, algunas monjas, trataban de llevarnos por el camino del bien y de la virtud, caiga quien caiga, pero las normas venían de la zona de los que ganaron la guerra. Todo estaba en el guión establecido de antemano por la superioridad. Lo cuál no exime de su culpa a las que se pasaron pueblos exigiéndonos una vida prácticamente monjil en detrimento de nuestra formación intelectual. Date con un canto en los dientes (con cuidado, porque los dentistas cobran una pasta por los arreglos) ya que perteneces a una generación que pudo romper barreras sin morir en el intento. Y retrocede el "vete a jugar que estas son conversaciones de mayores" a nuestro tiempo: Te saldrá un pan como unas tortas, o tempora, o mores

Anónimo dijo...

Hola Sherezade. Quizás la proyección humorística en las doros se salió de madre -este chistecito me salió sin querer-, y quizás también me pasé de irónico, mil perdones.

Se me fué, se me fué, se me fué (como a Galliano las colecciones de Dior), la imaginación al convento (con perdón), vestidas de azul marino -no sé porqué este color-, con faldas plisadas, eso sí, pero nunca, nunca, me imaginaría lo de los pololos; corriendo escaleras arriba y abajo, con vuestras caras redondas de adolescentes, como en las fotos.

En definitiva, pequeñas venganzas de hijo, porque me tienen un poco preocupado esta temporada, pero nada más. Nunca le echaría la culpa de nada de lo que haga, hice o haré o no pueda hacer, a la educación recibida. No sé porqué. Es como un pacto con mi pasado, lo intento analizar y resolver objetivamente y cuando aparece por sorpresa y en una esquina, pero sin culpas.

Menudo rollo patatero acabo de soltar. Pero no hay vuelta atrás.

No te creas, los nuestros también fueron o tempora o mores...pero en definitiva y sin meterme en más profundidades, creo que existe un hilo de Ariadna que me lleva hasta las Doroteas y forma parte de mí, y me autootorgué como buen primo "genito" tamaña licencia, reirme un poco -en el más divertido y enfático sentido de la palabra-

Ánimo, sigue contándonos.

Y por cierto, ¡el rey gudú y sherezade!...-y permíteme la licencia- ¡cómo te pasas, tía!


Sobre romper barreras. Hummm, no sé, mi sensación es que se fueron cayendo solas...mucho mito hay por ahí sobre esto. Pero parlerem.

Anónimo dijo...

Quizás todo esto que acabo de contestarte, quedó un poco como aquello de:

"es como si me llamas aparte y no me cuentas nada". ¿?


¿o qué no querré, tampoco, ponerme a los pies de los caballos?

Anónimo dijo...

Gracias "primo Genito." No te puedes imaginar lo muchísimo que me divierto con tus comentarios. Además tienes una vena literaria que, seguramente y a pesar de mi inocencia para "capiscar" algunas cosas, doña María atribuiría a los Cid, de la que ella es heredera. Te prometo que ninguna de las palabras que escribes será utilizada en tu contra. Escribe libremente, sin cortapisas, sin barreras, sin pensar en si los demás se van a mosquear o alporizar. Tú puedes permitirte el lujo de ironizar, reírte, burlarte, no todo el mundo tiene ese privilegio. Al menos en lo que concierne a mi blog.
Te descubrí por la zona paradelense, ( tu primer comentario, me pareció un compendio de surrealismo y humor del bueno que no se pué aguantá) y ahora me alegro de que te acerques doroteístican parcela. Esto le da vidilla y anima a escribir y poner el alma en lo que uno cuenta. No cabe duda que los recortes se deben a la influencia nefasta de la Censura que nos privó, en aquellos idus, de tantas cosas que, por mor de ella, nos fueron negadas. Pero el tiempo, gran escultor, (Yourcenar dixit) aunque tarde, ha puesto las cosas en su sitio...
En cuanto al tandem Sherezade-Rey Gudú, homenaje a los contadores de historias, que tantas alegrías me han proporcionado. El primero a la que consiguió mantener la cabeza pegada al tronco gracias a su imaginación. Y el segundo a Matute, Ana María, una de mis preferidas...

mariajesusparadela dijo...

Ya estoy aquí.
En los tiempos de "la letra con sangre entra", es de agradecer que las monjas no os pegaran...
(átame esa mosca por el rabo).

Anónimo dijo...

...así se habrá entrenado sherezade para riesgos mayores, evitando las tortas...

No sé que nombre tienen ahora, o desde hace pocos años las calles y plazas de mi pueblo, porque no paso por allí. Pero no me extrañaría que se llamase Heriberto F., parece que para cuatro calles que hay, se las repartieron entre las familias ilustres...lo que no sé es cómo se hizo el reparto, y no tengo la más mínima sospecha de porque a H.F. le tocó el cementerio viejo/parque nuevo, y me temo que para adivinarlo tendría que trasladarme hasta el lugar de los hechos, cual vidente, encender el porro, y esta vez, sí, tragarme el humo.

Quizás, las próximas vacaciones...

Una dijo...

Tarde o temprano aparecerían las Obras de José Antonio y adláteres,¡vaya congoja enfrentarse a eso!.
Las clases de gimnasia,la tabla y los pololos, esa prenda no se puede ni imaginar,hay que verlo para creerlo.
En cuanto al Latín parecíamos estar encaminados a la estrategia de batalla o conocer bien las partes de la casa y demás costumbres.
Saludos