sábado, 27 de febrero de 2010

El Xynthia y su parafernalia

A la mujer, convertida en estatua, que echa el maíz a unas gallinas del mismo bronce que el suyo, no le afectan para nada los aviso que estos días los gobiernos Central y Autonómico, nos han hecho llegar. por activa y por pasiva sobre la amenaza que se cernía sobre nuestras cabezas: nada menos que un totum revolutum de lluvias racheadas y vientos huracanados que dejarían las zonas afectadas del país como el paisaje después de la batalla. Por lo que debíamos de prepararnos evitando utilizar el coche, procurar salir lo menos posible y esperar a que el Xynthia nos dejara sin más. Así que la mayoría de los ciudadanos estábamos con el alma en vilo temiendo lo peor y cumpliendo al pie de la letra los consejos de la superioridad. La llegada de tan molesto visitante (o molesta, porque el nombre parece femenino) estaba prevista para el mediodía y eso daba un margen al ciudadano para hacer las compras de sábado y domingo. Mas cuando, a las diez menos cuarto, salí del portal de casa, la lluvia y el viento habían hecho su aparición y el uso del imprescindible paragüas se hacía imposible. Lo que me hizo pensar que se había adelantado y que si tan pronto comenzaba, los pronósticos de ambos gobiernos se habían quedado cortos. Ello me hizo acordarme de la frase que un célebre político local dijo en un momento de fervor lingüístico:" Ni yo mismo auguraba estos auspicios..." una forma de poner en bandos contrarios a colectivos, augures y arúspices, que pertenecen al mismo. Mas de sobra sabemos cómo bastantes políticos, andan a patadas con lengua castellana.
Sigamos pues con la ciclo génesis explosiva que los augures climatólogicos pronosticaron. Después de comprar lo necesario y de vuelta a casa, tanto la lluvia como el viento arreciaron de una forma que, aún yendo cargada de bolsas y paquetes, ( en alguno de los cuáles iba una linterna por si, como habían avisado, se iba la luz) hubo un momento que me sentí zarandeada y hube de arrimarme a una pared, no fuera a terminar tombée au sol con todo el equipo, dando con el body en una de las aceras llenas de puentes amarillos por mor de las obras que el Concello está realizando.
Sin embargo, oh paradoja, la furia de los elementos se fue suavizando y al rato andaba por la calle como Perico por su casa, con el paragüas abierto y sin peligro de que diera la vuelta. En el transcurso de la tarde las nubes se alejaron un rato y hasta salió un tímido rayo de sol. Sin embargo, no lancemos las campanas al vuelo porque, a lo mejor, cualquier día de la semana y por sorpresa, nos encontramos de golpe y porrazo con la madre de todas las lluvias y todos los vientos. Inesperadamente, y sin tiempo para tomar precauciones...

3 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Lo que en la ciudad olívica fue un tornadito, aquí se tornó bastante fiero y los avisos acertaron plenamente: delante de mi cara y la de Abel salieron volando dos tejas encintadas con cemento de un peso no menor de tres kilos. Suficiente para hacer destrozos.
Los animales, que entienden a la madre natura mejor que nosotros, todo el tiempo resguardados al este ( y los que podían eterse en casa ni siquiera asomaron la nariz a la calle).
Pero también será que la ría proteje y la montaña desguarece y se nota todo más, por la altura.

Me encanta la foto. ¿has visto que detrás de la broncínea cuidadora de gallinas hay una carretilla? En plena ciudad. Y , se me ocurre si no será que, de noche, para que nadie se entere, alguien, desde la aldea trae cosas para llenarle el mandil a la que reparte comida a los animales...no todo está perdido en las ciudades...

mariajesusparadela dijo...

Los ajos de la carretilla. son para no perder el viaje de vuelta.
También está muy en su lugar el cartel de la huevería. Debería poner "Huevos frescos", teniendo ahí a las gallinas; aunque quizá,
viendo la consistencia de éstas, tengan una digestión bastante pesada.

Sherezade dijo...

Pesadísima,podría jurarlo aunque nunca haya tomado frito, cocido, en tortilla o pasado por agua, un huevo de bronce. Ahí, casi al ladito de la estatua y sus gallinitas ( esta mañana y, a pesar de haber visualizado la foto cien veces, descubrí que también hay un gallo)se ponen las mujeres que traen productos hortofrutícolas para vendérselos a las pontevedresas. Y también huevos con su cáscara, su yema, su clara. Algunas, y según las lenguas de doble filo, los compran en el super más cercano y los venden como si fueran de gallinas aldeanas cobrando el correspondiente Iva añadido. A tres con cincuenta euros los pago yo en Vigo, pero son aldeanos total y, además, las gallinas no tienen bidet y vienen tal cual salen de su c.u.l.o. A las paisaniñas de Pontevedra, que son las que se ponen a la vera de la estatua, ya ni les pregunto.
A qué está bien que, después de tantas estatuas ecuestres del antiguo caudillo, empecemos a ver las de gentes de la vida cotidiana, en plan estampa lírica y de la pura aldea. No me cabe la menor duda: en la capital hilan más fino que por aquí. A lo mejor, por mor de Lores y su filosofía bloqueira, que es el Alcalde desde hace años.
Lo de las tejas encintadas me dejó KO.