A media mañana de ese día, y aprovechando la hora del recreo, me acerqué al reino de la hermana Ropera para que me facilitara un cuello nuevo, pues al que llevaba se le había roto el botón que lo sujetaba, ya que los cuellos blancos de los uniformes iban sobrepuestos. Y allí estaba cuando me avisaron de que la madre superiora García me llamaba a su despacho. Se pone uno a meditar, y más cuando se tienen 15 años, en lo qué habrá hecho mal, a qué monja habrá desobedecido, qué contencioso administrativo tendrá con la compañera de pupitre, de dormitorio, de fila que baja a la capilla, y no encuentra nada. Pero lo que sí sabe seguro es que la llamada significa algo, y no precisamente bueno. Y allá voy, camino del despacho haciendo deducciones lógicas e ilógicas, vienen muy a cuento tales pensamientos tratándose de una doro a la que, cualquier futesa, le parece una mala acción, y cualquier nimiedad es condenable. La superiora García, como ya sabemos, no tiene reparo en largar en plan bocazas, lo que ella consideraba axiomas cuál el de "las llaves de la despensa" o a otra que, o el de "llevaste a tu padre a la sepultura"(algo que se verá más adelante). No pensaba yo en esas cosas cuando me dirigía al despacho, porque no sabía que había pasado a ser una más de la lista de las que contribuyeron a hecho tan malvado:Matar al padre, ya Freud lo dejó dicho. El cuál, queriendo acabar por la vía rápida con la moral victoriana, abrir ventanas a los nuevos tiempos y encontrar la causa sicológica de tantas cosas ocultas, se metió en berenjenales tales como la ninfomanía (a mi entender una prueba de machismo exacerbado) y el Edipo, cogiendo por los pelos la tragedia del pobre rey de Tebas y sacando de la manga de su bata un complejo al que dio dicho nombre. Algo pelín alejado del mensaje de de Sófocles, la fuerza del Destino y lo inerme que está el hombre ante él. Pero dónde estamos, escapando a un destino que ya empezara a escribirse mucho antes, tan lejos de los armarios de la hermana Ropera, de los cuellos y los uniformes, de los camisones y las sábanas bordadas, de las toallas con las iniciales a punto de cruz. Subiendo las escaleras que conducen al segundo piso, cerca del despacho donde aguarda la Superiora. Mi hermana Elisa ya estaba allí, alguien la había avisado también. Nos esperaba Felisa García en la puerta, o llamamos con los nudillos, despacito para no hacer ruído? No puedo recordarlo "Pasad mis queridas niñas, sentaos. Qué tal está vuestro padre?" "Creemos que mejor" contestamos al unísono. A lo que la ferrífera García, sin pedirle permiso a su dios Adonai, dijo a bocajarro: "Vuestro padre está en el cielo..." Qué noticia para una mañana de Febrero, después de la fiesta de santa Dorotea, patrona del Colegio, virgen y mártir, a la que un tirano llevó al suplicio porque no quería adorar a los dioses romanos. No me explico por qué razón todas las santas de mi época morían violentamente. Podrían haberse enamorado del tirano y convertirlo al cristianismo que profesaban y ser felices, supongo que la felicidad no es incompatible con la vida eterna. Aunque entonces sí lo era.
Allí estábamos las dos, sorprendidas, mudas y llorosas, como si de pronto nos hubieran golpeado con un mazo y no fuéramos capaces de reaccionar, aturdidas, sin saber qué hacer ni qué decir, a dónde ir, ni a dónde mirar. No sospechábamos nada, nuestra madre nos escribía que estaba mejor. La Superiora, imperturbable, y deseando volver a sus quehaceres y perdernos de vista cuanto antes, diría para su coleto, "venga ya, las niñas gallegas sois unas lloricas; dejadme en paz y no me deis la lata que es la hora del condumio y hoy seguro que la cocinera me preparó algo especial por ser la Superiora.." Así pues, por la vía rápida, nos despidió con un : "Hala, ahora hay que rezar mucho por él." Para qué, si ya está en el cielo? Ya vamos en la fila otra vez, camino del refectorio, tenemos que sentarnos en nuestro silla, desplegar la servilleta y esperar a que la hermana encargada del comedor vaya repartiendo la comida, hay garbanzos de primer plato, un día igual que otro cualquiera, como si no hubiera pasado nada, el muerto al hoyo y el vivo al bollo...Vae victis.
Esa mañana habrían enterrado a mi padre, murió el día anterior en el coche en el que iba hacia La Cañiza, su tierra, donde pensaba que se repondría, ¿Lo pensaba realmente? Según me contó mi madre, iba en medio de su hermano Antonio, que era médico y de ella misma, que estaba embarazada de la que luego sería la benjamina. Invisible entre los viajeros estaba la parca Atropos, dispuesta a cortar el hilo de una vida que tocaba a su fin... Antonio ya había visto morir a su padre, y supongo que, por su oficio, a muchos pacientes, niños recién nacidos, madres con fiebres puerperales, ancianos, jóvenes y menos jóvenes. No sé si la muerte de los demás endurece a los médicos, no interesa en este caso. Mi padre era su hermano, alguien cercano al que lo unían, sobre todo, los afectos. Quizá sus vidas estuvieran en las antípodas, pensamientos, sueños, afanes, deseos, distintos unos de los del otro, pero los dos habían sido paridos por María Josefa, mi abuela. Aquélla que, casi una niña, llegó un día desde la Lisboa antigua y señorial donde vivía, a La Cañiza y allí se casó con mi abuelo. El rito se repite, otro hijo regresa a casa muerto, para que lo velen y recen por él, lo colocarían en el despacho del abuelo, preparado a tal efecto? No lo sé, mas seguro que lo enterrarían en el mismo panteón donde ya reposan los tres hermanos pequeños, además de su padre y su hermano Heriberto; junto con gente de otras familias que, en su día, no tenían sepultura y mi abuelo les ofreció la suya. Cuando llevaron los huesos al Osario, aparecieron fémures, tibias, peronés y calaveras que no cuadraban en las cuentas de la familia. Cosas que son verdad aunque ahora parezcan mentira, si pensamos en el culto a los muertos, en lo que al personal le gusta ir a los cementerios, limpiar las tumbas y poner flores. Y decir "Aquí están enterrados mis abuelos, mis tíos o mis primos. " Algo que a mí no me gusta nada, ni siquiera sé dónde está el panteón en el que mi padre fue sepultado, nunca fui al cementerio a rezar por mis muertos.Allí en La Cañiza, se pondría en marcha toda la parafernalia que se desarrolla alrededor de la muerte, en muchísimos casos, pura hipocresía organizada de cara a la galería. Juntos todos los participantes en el duelo, hermanos, cuñados, primos, sobrinos, parientes y allegados; incluso algunos se desplazarían desde otros lugares, la muerte no deja de ser un acontecimiento social en el que la gente se cree obligada a participar. Pronunciando unos y otros las frases habituales, las que exige el guión en esos casos. "Pobre María, a punto de dar a luz , qué delgada, qué demacrada, cuidando ella sola a su marido, sin ayuda de nadie." Palabras, palabras, palabras...sólo eso.
Mientras nosotras seguíamos en el Refectorio con el resto de las niñas de nuestra mesa tratando de consolarnos y la hermana que repartía la comida animándonos a que comiéramos, qué difícil se haría tragar. Un motivo más de charla para las colegialas de las otras meses, una novedad que comentar. La tarde que siguió a esa mañana, una más, no nos liberaron de las clases para poder llorar en un rincón, sino que todo fue como siempre, un día igual otro. Nuestras compañeras, y amigas, las teníamos a pesar de que el Reglamento lo prohibía, nos regalaron estampas compradas para la ocasión en el tenderete de la madre Martínez, la económa, encantada de poder venderlas, todo sea para glorificar al Señor... con dedicatorias cariñosas y el número de misas y rosarios que cada una iba a ofrecer por la salvación eterna de nuestro padre, Ne recorderis peccata mea, Domine. Rezando al mismo Dios al que pedíamos que la Beata Paula Frassinetti, la fundadora de nuestro colegio, llegara a los altares. Aunque no alcanzó la santidad, en todo el tiempo que duró nuestro internado, sino muchísimos años después.
Aquella noche, al salir del estudio, la madre Román, a pesar de su ferrífera procedencia, me abrazó y lamentó la muerte de mi padre. Ya en la cama, la monja del dormitorio nos llevó a mi hermana y a mí una copita de vino de misa (el Valium de entonces ) y unas galletas caseras, nada de María Fontaneda ni cualquiera de las marcas de entonces. Le daríamos pena, dos huérfanas más, blanco perfecto de las catilinarias de la superiora, que ya encontraría la forma de ponernos las banderillas ardiendo. Eran métodos de otros tiempos, monjas que nunca debieron de serlo, que deberían haberse alejado del mundo de la enseñanza y la educación para dedicarse a otros menesteres. Quizá a vigilar a los jornaleros de sus fincas de Castillas, si es que las tenían. O ser ellas mismas labradoras Aldonzas Lorenzo que nunca se convertirían en Dulcinea del Toboso, amor del caballero Don Quijote, que dio más de una vez con sus huesos en tierra por mor de defendella de muchos gigantes y pocos molinos, mucha burla y mucho trueque, mucho romper y rasgar, resquebrajar, destrozar, destruir, hacer pedazos, hacer trizas.
Mas nuestro padre, al revés que los de otras niñas, no se llevó las llaves de la despensa, y aquélla que debió de quedar en los campos castellanos, no me dijo nunca esa frase. Aunque sí la otra "Tú llevaste a tu padre a la sepultura..." Aún a pesar de que ni supe, ni sé, en qué sepultura está enterrado. Vae victis...
12 comentarios:
Pues, me quedé sin palabras.
Para que no caigan chuzos de punta. le escribo aquí, yo sí me atrevo a hacerle comentarios. diga lo que diga. y lo mande quien lo mande. (Estoy vago para las mayúsculas).
Aclaraciones:
Con los libros que mencioné, el de Lopez Ibor a la cabeza, me refería a la falta de información, mejor, a la desinformación de las que estábamos rodeados en nuestras bibliotecas; herencia de ustedes (que a su vez heredaron y bla bla bla...). El libro de la familia, o el libro sexual de la familia, o algo así, de lópez ibor ya es un icono tardo franquista pop del que se habla hasta en los fanzines de los 80, porque estaba en todas las casas. Era demencial y ese era el libro sexológico, no se si de moda o por antonomasia, de la época...ya el resto, eran de un monjil, mojigato y demás, martín vigil, torcuato luca de tena, gironella...que sí, algunos hasta divertidos y todo eso.
En resumen, quería decir que somos completamente conscientes de lo gris, oscuro y retorcido que podría ser todo cuando leimos esos libros en la infancia y adolescencia. Del resto, por supuesto, de las verdades como puños, medias verdades, verdades interesadas y resto, ya llegó después leyendo otras cosas y entre ellas, claro, yo también leí las memorias de Castilla del Pino, y sí, eso sí que era ir contra tirios y troyanos, porque ser la diana como lópez ibor era tremendo, ¡pero a los amigos!. Bueno, el primer libro. Hay una segunda parte muchos años después que todavía no leí.
Ah, y si los Mann tuvieron problemas con los hijos, éstos ya, un drama.
Nada más, era una (extensa) aclaración.
Ayer murió el abuelo. Muy triste.
Y por cierto, y para evitar susceptibilidades y cómo mi blog es tan flexible cómo zapatero haciendo política (y yo,no me meto en política). Cambio la entrada del decálogo que tan mala prensa tiene y hago unas pequeñas aclaraciones.
¡Dios!. Ni celeste Aída ni leches, la donna e móvile.
perdón, y ya acabo, no quería decir que la donna hablase por teléfono; quería decir que "é mobile".
Me alegro que hayas leído la primera, si puedes, lee la segunga.Yo la tengo y puedo dejártela. En ella sabrás de sus tragedias las familiares tantos hijos muertos, y las otras (aunque éstas ya las deja reflejadas en la primera parte). Quizá Castilla se haya pasado dos pueblos a la hora de juzgar a sus amigos a los que, visto lo visto, no parece considerarlos como tales. Quiero pensar que, cuando una persona con tal carga vital y víctima de bastantes injusticias, escribe unas memorias en la que podríamos llamar última parte de su vida, se puede permitir el lujo de ser iconoclasta porque ya no le importa quedar bien, sólo quiere decir la verdad, la suya ( la de los otros no la sabemos, mas de algunos sí su relevancia social en los tiempos del franquismo ¿o no?).
Lo que me condujo a sus memorias, fue una entrevista que le hicieron en EPS hace un feixe de años.Una de sus contestaciones a la periodista me produjo un rechazo tan fuerte, y un impacto a nivel anímico, que me dejó noqueda, como a un boxeador al que acaban de derribar de un puñetazo. La guardé en un cajón y, aún después de serenarme y volverla a leer dos o tres veces, me resultaba imposible comprenderla. Luego, por aquello de ponerse en la piel del otro, traté de comprenderlo aunque, desde el punto de vista de la típica madre gallinácea para la que sus polluelos son lo más de lo plus, me costó trabajo. Y me quedé prendida de un hilo entre la comprensión y el rechazo. La segunda parte de sus memorias, me lo hizo comprenderlo. Y me pareció, querido shangay, que para decir las cosas que dijo, hay que tener más valor que para enfrentarse en una plaza de toros con un astado sin afeitar.
Con respecto a la muerte de tu abuelo, siento no saber contar las cosas de otra manera. Las referencias que tengo, vinieron a través de la más grande, aunque las pasé por el tamiz para que resultaran menos dolorosas.
Sí, mejor que lo de celeste Aída, le queda lo de "La donna e mobile." Mas "E móbile cual piuma al vento?
Algún día perderé el miedo, j'aui peur, y me atreveré a opinar en tu Blog, de momento me mantengo obediente a tus deseos aunque seas flexible que PepeLui Zapatero.
mariajesusparedela:Por qué, ya que andamos en ello y, como Cuarta, no escribes lo que sentiste aquel día?
Gracias por el trabajazo de los títulos que has ido poniendo con acierto por un lado, y paciencia budista por otro.
En el 29 de agosto de mi blog, al final, encuentras lo que pides de mi parte. Prefiero no hablar del tema.
Y, mira qué artistada, te incorporé a shangay, con tu propio nombre, pero soy la de paradela.
Y no solo los Mann, querido shangay sino, como ya sabemos, los Castilla del Pino. Y también, ay de nos, los Haro Tecglen.
yo, a Castilla del Pino, le escuché en una entrevista en televisión hablando de su ineptitud como educador, como padre, etc..sí, demoledor.
En cambio los Haro Tecglen, nunca me pude explicar cómo su hijo junkie (¿se escribe así yonquí?), quería ser como su padre -cosas de la psicología-, o eso dice algún biógrafo; se referirá a escritor, pope rojo articulista, no sé..¿alto, más guapo?, nunca lo entendí...por que a mí el talentoso me parecía el hijo, su libro GAY ROCK y las letras que le hizo a la Mondragón valen más que todos los artículos de su santo padre..(seguro que esto es una exageración).
Pero para familia odiosa y desencantada: Los Panero. ¡Qué horror!. Y aquel 20 años después en cine, ¡terrorífico!.
Realmente la familia es un invento terrible, terrible. Sin ir más lejos, yo(y perdón por este yo) que no me atrevía a enmendarle la plana a las hijas de María, y me dejé convencer que la ironía sobre los libros que había en mi casa de pequeño se había entendido, resulta que creo que no. Pero eso debo contestarlo en Paradela, donde se repite un día sí y al siguiente, que los libros que "menosprecio". A lo mejor, es la ironía sobre la ironía, no sé. Pero voy a romper la -cuarta pared- familiar, hacer chocar la tercera ola contra la segunda y revueltos en la misma espuma, poner los puntos sobre las íes.
Anda ya, Shangay, no te tires de la moto, sobre todo si está en marcha. El juego de las ironías, y por lo que veo/leo, se las trae. Ya tuvimos la primera movida con la donna é mobile o celeste Aída, según el gusto de cada cuál. Ambos entonamos el mea culpa, corramos pues, un tupido velo. Ni se te ocurra enfrentar las olas, puedes dar lugar a un tsunami.
Sobre lo que me dejaste en el buzón:
Conozco un poco la historia de la Torci. Carmiña y Sánchez Ferlosio, son un mundo. Exactamente, dos mundos. Hubo un año, que en mi manía de los Top Ten, consideré a Martín Gaite la escritora española que más me gustaba. Se me pasó. Pero me gusta mucho, o ese es mi recuerdo. Los artículos de su ex, también. Lo leí menos. Todo el mundo cuenta cientos de anécdotas de ellos, el segundo cómo un gruñón que por detestar, detesta hasta a la gente que hace jogging (la palabra footing no existe y correr, es muy vago, paradójicamente); y de ella, que se le acercaba todo escritor joven a que leyese sus cosas, lo teatrera y generosa que era, etc.
Y sí, lo de los Panero tiene algo que ver con enfermedades mentales, pero también con el enfrentamiento entre dos españas, su falta de entendimiento, la mala conciencia de haber estado en la cumbre, la decadencia de una "buena familia" (ya me entiendes).
Espero que no haya quedado todo pedantesco y tronchante (¿o tonchante?).
Cómo estoy en esta vena literaria y ya acabé toda la serie de los soprano y vivo sin televisión (ya se nota, ya), voy a escribir algo más en mi blog, algo malévolo para dormirme mejor (como el lobo de caperucita... en manhattan).
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